Querido Juan Guillermo:
Aún, sin tomar plena conciencia de tu partida, apelo a lo más íntimo que quizás nos unía, tras la búsqueda infinita en las imágenes cinematográficas y literarias: el anhelo de poesía; pues tal como afirmó Buñuel: "el cine es ambición de poesía. La imagen cinematográfica anhela rasgar la médula del tiempo humano y sus formas". Por tal motivo, quiero despedirte con un recital, con el afecto de mis poemas para que te acompañen en este camino hacia la luz.
Artaud
Los ojos,
a veces le dan pausa
a lo invisible.
Homero también lo sabía,
su épica había nacido
del hastío.
Tarkovsky
Una fuerza
inexistente impulsa
las fuerzas
convergentes.
La imagen, también
es lo que
existe por fuera de
su encuadre.
Fassbinder
Los amantes se despiden…
y en sus bocas agobiadas
solo queda la
certeza
del amor,
otra
palabra marchita.
Fellini
Todos
los que vieron
develar su frenética alegría
nunca se enteraron
de la desazón
que
a diario festejaba en su
inmensa noche
interior.
XVIII
Regresa la mañana con
la vida entre las manos.
Sospecho que su
rostro iluminado es una invitación
a romper la inercia
de las alas.
Puedo ver en sus cánticos
laudatorios
la voz que permanece
para alentar las caídas.
Tras el último
insomnio, es urgente partir.
No conozco la
ruta,
ni poseo medio de
transporte, pero tengo abiertas las manos
y despiertos los sentidos
desconocidos
para fugarme de mí
mismo,
hacia la cima del ardoroso
mediodía.
Ícaro en el vacío
Cuando
la soledad inunda el vientre de las horas.
Cuando
los rostros discurren solitarios en las calles con ojos insidiosos.
Cuando
el aire saturado invoca el fragor de la inocencia.
Un
instante para perderlo todo, para sentir el hastío de Dios.
Un instante
con las alas rotas.
Como
Ícaro en el vacío, sin noche a la espera de sus huesos, volvemos a llenar la
copa del silencio con la voz apagada por las constantes fugas.
Ese
gesto pueril de las palabras alentadas por el odio, se apodera de nuestra máscara
y le confiere ritmo.
Despertamos
en una galaxia envejecida – inundada por el dolor de los príncipes malditos – donde
los cuerpos sin memoria, son condenados a muerte en la primavera de sus años
azules.
– Música
ondulante en el desierto carnívoro
es el
eco de los suburbios que naufragan en la peste –.
Mas
en el tiempo de la caída vislumbramos la ruta del ascenso.
Ahora,
esperamos al otro lado de la luz, donde se cruzan todos los retornos y los
abrazos acompañan la jornada interminable del sol.
De nuevo el éxodo
Como niños
descubriendo el deseo en los senos de las madres muertas
aferrados
a la turbia orilla de la ingratitud,
rompemos el abrazo
del amigo
y desafiamos los misterios
de la lluvia.
Oscuro
mediodía,
apuntalado
en el dolor que dejan las partidas.
Camaradas
Los que callaron
cuando la soberbia inundaba
esas palabras que
nos aferraban a las máscaras.
Los que marcharon a
nuestro lado
en los caminos oscuros
del precipicio.
Los que nos
ofrecieron su lecho, su manta y su carreta a cambio de una sonrisa o de una
delirante historia.
Los que alimentan
la memoria en las frecuentes noches de insomnio.
Los que no apagan nunca
su voz ni dan a torcer el brazo.
Los que en este desolado
crepúsculo volvieron a visitar nuestro refugio
y a ofrendar por la
vida
(nuestra
eterna pregunta, nuestra esquiva respuesta).

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