3/15/2026

Juan Guillermo Ramírez In Memoriam

 


Querido Juan Guillermo:

Aún, sin tomar plena conciencia de tu partida, apelo a lo más íntimo que quizás nos unía, tras la búsqueda infinita en las imágenes cinematográficas y literarias: el anhelo de poesía; pues tal como afirmó Buñuel: "el cine es ambición de poesía. La imagen cinematográfica anhela rasgar la médula del tiempo humano y sus formas". Por tal motivo, quiero despedirte con un recital, con el afecto de mis poemas para que te acompañen en este camino hacia la luz.


Artaud

 

Los ojos,

a veces le dan pausa a lo invisible.

 

Homero también lo sabía,

su épica había nacido del hastío.

 

 

Tarkovsky

 

Una fuerza inexistente impulsa

las fuerzas convergentes.

 

La imagen, también es lo que

existe por fuera de su encuadre.

  

 

Fassbinder

 

Los amantes se despiden…

 

y en sus bocas agobiadas

solo queda la certeza

del amor,

 

otra palabra marchita.

 

 

Fellini

 

Todos

los que vieron develar su frenética alegría

nunca se enteraron de la desazón

que a diario festejaba en su

inmensa noche interior.

 

 

XVIII

 

Regresa la mañana con la vida entre las manos.

 

Sospecho que su rostro iluminado es una invitación

a romper la inercia de las alas.

 

Puedo ver en sus cánticos laudatorios

la voz que permanece para alentar las caídas.

 

Tras el último insomnio, es urgente partir.

No conozco la ruta,

ni poseo medio de transporte, pero tengo abiertas las manos

y despiertos los sentidos desconocidos

 

para fugarme de mí mismo,

hacia la cima del ardoroso mediodía.

 

 

Ícaro en el vacío

 

Cuando la soledad inunda el vientre de las horas.

Cuando los rostros discurren solitarios en las calles con ojos insidiosos.

Cuando el aire saturado invoca el fragor de la inocencia.

 

Un instante para perderlo todo, para sentir el hastío de Dios.

Un instante con las alas rotas.

 

Como Ícaro en el vacío, sin noche a la espera de sus huesos, volvemos a llenar la copa del silencio con la voz apagada por las constantes fugas.

Ese gesto pueril de las palabras alentadas por el odio, se apodera de nuestra máscara y le confiere ritmo.

Despertamos en una galaxia envejecida – inundada por el dolor de los príncipes malditos – donde los cuerpos sin memoria, son condenados a muerte en la primavera de sus años azules.

– Música ondulante en el desierto carnívoro

es el eco de los suburbios que naufragan en la peste –.

 

Mas en el tiempo de la caída vislumbramos la ruta del ascenso.

Ahora, esperamos al otro lado de la luz, donde se cruzan todos los retornos y los abrazos acompañan la jornada interminable del sol.

 

  

De nuevo el éxodo

 

Como niños descubriendo el deseo en los senos de las madres muertas

aferrados a la turbia orilla de la ingratitud,

rompemos el abrazo del amigo

y desafiamos los misterios de la lluvia.

 

Oscuro mediodía,

apuntalado en el dolor que dejan las partidas.

 

 

Camaradas

 

Los que callaron cuando la soberbia inundaba

esas palabras que nos aferraban a las máscaras.

Los que marcharon a nuestro lado

en los caminos oscuros del precipicio.

Los que nos ofrecieron su lecho, su manta y su carreta a cambio de una sonrisa o de una delirante historia.

Los que alimentan la memoria en las frecuentes noches de insomnio.

Los que no apagan nunca su voz ni dan a torcer el brazo.

Los que en este desolado crepúsculo volvieron a visitar nuestro refugio

y a ofrendar por la vida

(nuestra eterna pregunta, nuestra esquiva respuesta).